Declaración de PRISMA: las identidades trans* no son una enfermedad

Este artículo se escribió en relación a la publicación “A New Theory of Gender Dysphoria Incorporating the Distress, Social Behavioral, and Body-Ownership Networks” de Stephen V. Gliske, cuya forma de abordar la investigación y análisis venía lastradas por un sesgo transfóbico.

El autor rectificó posteriormente e incluyó una corrección, desdiciéndose de varias de sus conclusiones que realmente no estaban soportadas con los datos dados.

Finalmente el artículo entero fue retractado por el consejo editorial de la revista, ante la avalancha de críticas demostrando lo sesgado y falto de apoyo del trabajo. En la retractación comentan:

“Based on concerns about this article’s validity, the eNeuro Editorial Board commissioned an in-depth postpublication review of this article by qualified experts in the field and senior members of the Editorial Board. Their consensus is to retract the article “because of major flaws, including circular reasoning, the lack of supporting evidence in the literature, a noncritical use of the available literature, and confusion in terminology. […] The links drawn between at least two of the three networks are not compelling based on the small base of literature cited, especially since this literature is only of structural but not functional nature. Many of the present statements regarding functional implications are sheer conjecture. There is not enough evidence justifying this ‘new’ theory and how it would actually advance the field.”

En relación con el artículo “A new theory of gender dysphoria incorporating the distress, social behavioral, and body-ownership networks“ publicado en eNeuro el 2 de Diciembre[1], en el que se propone la intervención sobre las redes neuronales como cura para las personas con disforia de género, y la corrección publicada el 12 de Diciembre:

Desde PRISMA, Asociación para la Diversidad Afectivo-Sexual y de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación, queremos comunicar que, si bien es imprescindible incentivar la investigación destinada a mejorar la calidad de vida y a solucionar los problemas a los que las personas trans* se ven más expuestas, tal y como recoge la Organización Mundial de la Salud, dicha investigación no se debe basar de ninguna manera en la premisa de que las identidades trans* son una enfermedad que requieren cura. 

El autor del estudio expresa en varios puntos el deseo y la esperanza de que sus resultados contribuyan a crear “curas” contra la disforia de género (i. e. conseguir que el género sentido se alinee con el sexo asignado al nacer). Suponemos que el autor no es consciente de la historia del colectivo LGTBIQA+, ni del consenso científico que ya no trata las identidades trans* como trastornos mentales, y, por lo tanto, no le suponemos mala fe. No obstante,este tipo de esfuerzos para “curar” las identidades trans* constituyen terapia de conversión; una práctica que se ha aplicado durante muchos años en personas de muchos de los colectivos que integran las siglas LGTBIQA+. Víctimas de tales terapias frecuentemente sufren secuelas como la depresión, cuadros de ansiedad e ideación suicida [3,4]. Sabemos que ni la homosexualidad, ni la bisexualidad, ni la asexualidad se “curan” con terapias de conversión [5, 6], y que los intentos de “corregir” la intersexualidad quirúrgicamente causan una multitud de problemas de por sí [7]. Sabemos que no hace falta curarlas ni diagnosticarlas porque son expresiones de la diversidad humana natural [8]. Ya es hora de que la sociedad entienda que las identidades trans* también lo son.

Es verdad que una parte considerable de las personas trans* sufren trastornos mentales como depresión o ansiedad. Pero muchos estudios demuestran que estos trastornos no están necesariamente ligados a las identidades trans* ni a la disforia de género. Es mucho más probable que estén causados por el rechazo del entorno familiar, abusos vividos en el día a día a manos de una sociedad tránsfoba y la inaccesibilidad a los tratamientos afirmativos del género [9,10]. Son precisamente estos tratamientos (como las terapias hormonales y las cirugías de reasignación genital), los que son eficaces en aliviar las disforia de género. También son los que la mayoría abrumadora de las personas trans* considera menos invasivos, especialmente en comparación con alterar estructuras cerebrales con la intención de cambiar su género, que constituye una parte integral de la personalidad de cada persona, sea trans o cis. Sabemos todo esto no solo por los estudios empíricos [11], sino también porque nuestres hermanes trans* llevan años y años contando sus experiencias vividas [12]. Es importante que la comunidad científica traten a las personas trans* tal como lo merecen: como las expertas de sus experiencias que realmente son.

Si bien apoyamos la investigación fundamental, la sugerencia de que las identidades trans* necesitan ser “curadas” es absolutamente inaceptable. En un nivel más general exigimos que se instalen mecanismos para prevenir la ocurrencia de episodios como este; por ejemplo, mediante la creación de consejos de expertos independientes obligatorios para estudios sobre colectivos vulnerables. 

Aplaudimos que eNeuro haya tomado medidas para remediar la situación. No obstante, el texto de la corrección no reconoce el error fundamental del estudio publicado originalmente: las identidades trans* no se deben curar porque no son una enfermedad. Exigimos que la corrección refleje que tanto la revista como el autor estén conscientes de esta problemática.

[1] Gliske, S. V. (2019). A New Theory of Gender Dysphoria Incorporating the Distress , Social Behavioral , and Body- Ownership Networks. ENeuro, 6(December).

[2] https://www.eneuro.org/content/eneuro/6/6/ENEURO.0513-19.2019.full.pdf

[3] Tozer, E. E., & McClanahan, M. K. (1999). Treating the Purple Menace: Ethical Considerations of Conversion Therapy and Affirmative Alternatives. The Counseling Psychologist, 27(5), 722–742. https://doi.org/10.1177/0011000099275006

[4] Haldeman, D. C. (2002). Therapeutic antidotes: Helping gay and bisexual men recover from conversion therapies. Journal of Gay and Lesbian Psychotherapy, 5(3–4), 117–130. https://doi.org/10.1300/J236v05n03_08

[5] Haldeman, D. C. (1994). The Practice and Ethics of Sexual Orientation Conversion Therapy. Journal of Consulting and Clinical Psychology, Vol. 62, pp. 221–227. https://doi.org/10.1037/0022-006X.62.2.221

[6] https://www.hrc.org/resources/policy-and-position-statements-on-conversion-therapy

[7] Minto, C. L., Liao, L. M., Woodhouse, C. R. J., Ransley, P. G., & Creighton, S. M. (2003). The effect of clitoral surgery on sexual outcome in individuals who have intersex conditions with ambiguous genitalia: A cross-sectional study. Lancet, 361(9365), 1252–1257. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(03)12980-7

[8] https://www.who.int/bulletin/volumes/92/9/14-135541/en/

[9] Khobzi Rotondi, N. (2012). Depression in Trans People: A Review of the Risk Factors. International Journal of Transgenderism, 13(3), 104–116. https://doi.org/10.1080/15532739.2011.663243#

[10] Nuttbrock, L., Bockting, W., Rosenblum, A., Hwahng, S., Mason, M., Macri, M., & Becker, J. (2014). Gender abuse and major depression among transgender women: A prospective study of vulnerability and resilience. American Journal of Public Health, 104(11), 2191–2198. https://doi.org/10.2105/AJPH.2013.301545

[11] van de Grift, T. C., Elaut, E., Cerwenka, S. C., Cohen-Kettenis, P. T., & Kreukels, B. P. C. (2018). Surgical Satisfaction, Quality of Life, and Their Association After Gender-Affirming Surgery: A Follow-up Study. Journal of Sex and Marital Therapy, 44(2), 138–148. https://doi.org/10.1080/0092623X.2017.1326190

[12] Diamond, G. M., Shilo, G., Jurgensen, E., D’Augelli, A., Samarova, V., & White, K. (2011). How depressed and suicidal sexual minority adolescents understand the causes of their distress. Journal of Gay and Lesbian Mental Health, 15(2), 130–151. https://doi.org/10.1080/19359705.2010.532668

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